Una sonrisa honesta. Todo lo que siempre deseé. No la sonrisa de
alguien frente a mí, no. La tan esperada se encontró siempre dentro del espejo
y es hasta hoy que se revela.
Años oculta tras una realidad que siempre aparentó valer más que
la serenidad. Hoy no. Hoy sonrío honesta. No es falsa, pretenciosa ni obligada.
Sonrisa genuina, real y bien merecida.
Me la gané, la trabajé hasta el cansancio y es por ello que hoy
significa tanto.
Sonríe el corazón, sonríe el alma y sonríen los labios. Me la
creo, por primera vez en mi vida me la creo y no está latente el temor de que
se vaya. No, porque en esta ocasión la sonrisa no depende de nadie, no es
condicionada por ninguna variable, es autónoma. Mía y de nadie más. Hoy no
permito que otros la borren, que la optimicen, sí. Pero aquí se queda, pase lo
que pase.
Sonrisa “de oreja a oreja”. Sonrisa transparente que me deja al
desnudo, mi esencia tal cual es, sin máscaras, filtros o alteraciones. Yo, el
yo que durante tanto tiempo construí y que hoy me hace feliz; el yo que causa
esta sonrisa en mi rostro. Qué bien se siente saber que en este caso no va a
ningún lado.
Un corazón contento, que siente, que grita. Un corazón que no solo
late, vive. Progresivo, como Pink Floyd (Coming back to life).
Estoy lista. Lista para aventurarme de nuevo. Me siento confiada,
preparada y con todas las herramientas para hacerlo. Hoy me despido del pasado,
de lo que fue y lo que en mi dejó. Hoy no quiero rencores. Hoy vivo hoy y no me
im…
…hasta ahí me quedé una mañana de diciembre que meditando en la
cafetería del trabajo me puse a escribir, como siempre me ha sido costumbre, en
una servilleta.
No tiene fecha y eso es algo que puede llegar a desesperarme muchísimo,
pero no por desidia de imprimirla en alguna esquina del papel sino porque el
texto se interrumpió, creo recordar el porqué pero luego me pregunto si será un
recuerdo verdadero o una construcción. Porque es cierto, tendemos a crear
memorias, construirlas a partir de
fragmentos de lo que sí pasó, rellenando los espacios en blanco con aquello que
nos gustaría, o que creemos va a acorde al recuerdo.
Mientras transcribía lo escrito me daba coraje, lo acepto. Me
sentí ilusa, como cuando lees tus cartitas de secundaria o anotaciones en las
orillas de los cuadernos más viejos que aún logras conservar. Y sin embargo
recuerdo esa mañana, tenía frío y hacía muchísimo viento pero yo, de aferrada, afuera en la terraza de la cafetería porque siempre me han gustado más los
espacios abiertos. Me dan ganas de volver ahí, sentarme en la mesa de al lado y
observar a esta niña mientras escribe, con esa, la genuina sonrisa en sus
labios. De esas veces que hasta te duelen las mejillas de tanto sonreír; ah pues
así estaba ese día.
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